Fatty liver acts as consequence, precursor to metabolic comorbidities

Results of a self-contained community study showed that the incidence of nonalcoholic fatty liver disease significantly increased from 1997 to 2014, especially in younger adults. Further, NAFLD was both a consequence and precursor to metabolic comorbidities, such as hypertension and diabetes.

“NAFLD is a risk factor for incident dysmetabolic conditions and cardiovascular events. NAFLD is an independent risk factor for death, but impact decreases with the increase of incident metabolic comorbidities,” Alina M. Allen, MD, from the department of gastroenterology and hepatology at the Mayo Clinic, Minn., and colleagues wrote. “The lifespan of NAFLD subjects is 4 years shorter than that of controls, and the majority of the remaining years are spent in states of metabolic comorbidities.”

he researchers identified 3,869 patients with NAFLD and 15,209 age- and sex-matched controls from Olmsted County, Minn., for a population-based epidemiological study. Median patient age was 53 years (range, 42-63 years) and 52% were women.

The incidence of NAFLD increased from 62 per 100,000 person-years in 1997 to 329 per 100,000 person-years in 2014. Individuals aged 18 years to 39 years had the highest incremental increase (20 to 140 per 100,000 person-years) compared with those aged 40 years to 59 years (70 to 407 per 100,000 person-years) and those aged over 60 years (125 to 515 per 100,000 person-years).

Compared with controls, patients with NAFLD were twice as likely (RR = 2.62; 95% CI, 2.31-2.96) to develop one to three of the following comorbidities: diabetes, hypertension and dyslipidemia. Similarly, patients with NAFLD and diabetes, hypertension or dyslipidemia had a significantly higher risk for developing additional metabolic comorbidities than controls with one comorbidity (RR = 1.67; 95% CI, 1.51-1.85).

Patients with NAFLD and no metabolic comorbidities had a twofold increased mortality risk (RR = 2.16; 95% CI, 1.41-3.31) compared with controls with no metabolic comorbidities. The mortality risk increased significantly in patients with NAFLD and one (RR = 1.99; 95% CI, 1.48-2.66) and two comorbidities (RR = 1.75; 95% CI, 1.42-2.14), but was not significant in those with three comorbidities.

Patients with NAFLD but no metabolic comorbidities had a twofold increased risk for cardiovascular events compared with controls (RR = 1.96; 95% CI, 1.35-2.86). NAFLD as a cardiovascular risk factor decreased or was no longer present as patients and controls acquired one (RR = 1.21; 95% CI, 0.96-1.53), two (RR = 1.24; 95% CI, 1.05-1.47) or three (RR = 1.02; 95% CI, 0.86-1.21) metabolic comorbidities.

“While the current understanding of these complex associations continues to evolve, general practitioners and medical subspecialists alike should be aware of the intricate relationships between NAFLD and incident metabolic diseases, as well as the dynamic impact of NAFLD on mortality which may have implications for the optimal timing for intervention,” the researchers concluded.

Tomado de: https://www.healio.com  by Talitha Bennett

Allen AM, et al. Hepatol. 2017;doi:10.1002/hep.29546.

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No desayunar duplica el riesgo de desarrollar arterioesclerosis

Un estudio del CNIC liderado por su director, Valentín Fuster, muestra que saltarse esta comida podría servir como indicador de un estilo de vida poco saludable.

Un desayuno escaso, que contenga menos del 5% de las calorías diarias recomendadas –100 calorías para una dieta de 2.000–, duplica el riesgo de lesiones arteriorescleróticas independientemente de los factores de riesgo típicos, como el tabaco, el colesterol elevado y el sedentarismo.

Estas son algunas de las conclusiones del estudio Progression and Early Detection of Atherosclerosis (PESA), del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), liderado por su director, Valentín Fuster. Los resultados, publicados en The Journal of American College of Cardiology, Indican que saltarse esta comida podría servir como marcador de unos hábitos alimenticios y de un estilo de vida poco saludables.

En el estudio PESA, más de 4.000 individuos de edad intermedia son controlados a largo plazo mediante técnicas de imagen. A edades tempranas, las placas ateroscleróticas –acumulación de grasas en las paredes de las arterias– ya empiezan a desarrollarse, aunque no haya síntomas. El objetivo de PESA es caracterizar la prevalencia y la tasa de progresión de las lesiones ateroscleróticas latentes –que no han dado ningún síntoma– y estudiar su asociación con factores moleculares y ambientales, incluyendo los hábitos alimentarios, la actividad física, los biorritmos, las características psicosociales y la exposición a contaminantes ambientales.

Riesgos cardiovasculares

Los investigadores han analizado la relación entre tres patrones de desayuno y los factores de riesgo cardiovasculares para averiguar si saltarse el desayuno normal se asocia con aterosclerosis subclínica (que no ha dado ningún síntoma). Para ello se analizó la presencia de placas ateroscleróticas en diferentes regiones: arterias carótidas y femorales, aorta y coronarias, en una población sin antecedentes de enfermedad cardiovascular.

El estudio muestra la asociación entre diferentes patrones de desayuno con las lesiones ateroscleróticas

En este trabajo, el 20% de los participantes tomaba un desayuno con alto valor energético (20% de las calorías diarias), el 70% un desayuno de bajo valor energético (entre 5% y 20% de las calorías diarias), y un 3% desayunaba muy poco o nada (5% de las calorías diarias).

Estos últimos apenas invertían cinco minutos en desayunar un café o un zumo de naranja, o incluso omitían esta comida. Su dieta era menos saludable y tenían mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular. José María Ordovás, coautor del trabajo, agrega que “no desayunar podría ser un verdadero marcador o incluso un factor de riesgo para estas fases iniciales de la enfermedad aterosclerótica”.

Gracias a los estudios con ecografía vascular, los investigadores observaron una presencia hasta 1,5 veces mayor en el número de placas ateroscleróticas y una afectación de hasta 2,5 veces más en el grupo que se saltaba el desayuno respecto al que tomaba un desayuno más potente, explica lIrina Uzhova, investigadora del CNIC y primera autora del trabajo.

Estudios poblacionales anteriores han demostrado que desayunar bien está relacionado con menor peso, una dieta más saludable y un menor riesgo de desarrollar factores de riesgo cardiovascular, como colesterol elevado, hipertensión o diabetes. Además, se sabe que ciertos factores asociados con el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares son modificables mediante cambios en el estilo de vida. Por ello, la dieta es un objetivo principal de las estrategias de prevención.

El coordinador científico del estudio PESA, Antonio Fernández-Ortiz, señala que “necesitamos marcadores de riesgo más precoces y precisos en las fases iniciales de la enfermedad aterosclerótica que nos permitan mejorar la prevención en el riesgo de sufrir un infarto, un ictus o muerte súbita. Y los resultados de este trabajo contribuyen definitivamente a ello”.

Tomado de Jano.es

Bailar zumba durante 5 semanas mejora la salud

Investigadores de la Universidad de Granada demuestran que un programa de ejercicio de 5 semanas basado en esta disciplina incrementa la calidad de vida en trabajadores universitarios inactivos

Científicos de la Universidad de Granada (UGR) han demostrado que un programa de ejercicio de 5 semanas, basado en la disciplina zumba, mejora la calidad de vida en trabajadores universitarios inactivos, especialmente el aspecto emocional, y la mayoría de estas mejoras podrían mantenerse hasta 2 meses después.

La investigación, publicada en Health Education Journal, valoró la repercusión en la calidad de vida de los participantes a corto y medio plazo. La calidad de vida es un concepto amplio que abarca diversos aspectos: social, emocional, estado físico, dolor corporal, funcionamiento físico, vitalidad, salud mental y estado de salud general.

Yaira Barranco Ruiz y Emilio Villa González encabezaron este estudio piloto durante cinco semanas junto con un equipo de expertos internacionales de la Universidad Nacional de Chimborazo, Ecuador.

El programa de ejercicio físico se realizó durante 3 días a la semana y al finalizar la jornada laboral, mediante clases de una hora instruidas por un técnico certificado ZIN (Zumba Fitness Instructor) y graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.

Los beneficios de la actividad física

El experimento generó aumentos significativos en la mayoría de las dimensiones de la calidad de vida de los participantes. Es más: incluso dos meses después de que finalizara la intervención, la mayoría de las dimensiones seguían manteniendo niveles por encima de los registrados al inicio del programa.

Además, explican Barranco y Villa, “es interesante resaltar que la dimensión emocional, con valores más bajos inicialmente, fue la que experimentó valores más altos al finalizar el programa de ejercicio y, por tanto, una mayor mejoría”.

Los investigadores de este estudio piloto han llevado a cabo un nuevo estudio más amplio, con una intervención de 16 semanas correspondientes a un cuatrimestre académico, donde nuevas y diversas variables relacionadas con la salud de los participantes han sido analizadas, como la condición física asociada a la salud, la composición corporal, el perfil metabólico y los hábitos nutricionales.

Los resultados preliminares de este estudio han sido presentados en el emblemático congreso internacional del Colegio Americano de Medicina del Deporte: “American College of Sport Medicine: 63thACSM’s Annual Meeting, 2016 en Boston, Massachusetts, en Estados Unidos, y 64th ACSM’s Annual Meeting en Denver, Colorado, en Estados Unidos

Tomado de Jano.es

Health Education Journal (2017); doi:10.1177/0017896917726575

How feeling full can make you want to eat more

A new study examines the feeling of satiety and concludes that it can serve as a “context” that may condition us to want to eat more.

Diets often work for only a limited period of time, and once the diet is over, most people relapse into overeating. But why is that?

Researchers now suggest that the answer is behavioral conditioning. Because we have conditioned ourselves not to eat when we feel hungry as part of the diet, this does not mean that the achievement will last outside of the context of dieting.

In fact, the new study – conducted by Mark E. Bouton and Scott T. Schepers, both of the University of Vermont in Burlington – suggest that the actual feeling of hunger or satiety can act as “cues” for eating behavior.

The findings were published in the journal Psychological Science.

The hypothesis: Eating in a context

“Basic research,” the authors write, “indicates that after a behavior is inhibited, a return to the conditioning context or simple removal from the treatment context can cause the behavior to return.”

In other words, once we move away from the context in which we learned to “be good” – whether that means eating fewer calories, exercising more, or giving up alcohol – we are prone to relapse.

But in dieting, could the actual physical state of feeling hungry (or, conversely, of feeling sated) work as such a context?

As study co-author Bouton explains, “One reason [why diets fail] might be that the inhibition of eating learned while dieters are hungry doesn’t transfer well to a non-hungry state.”

“If so,” he continues, “dieters might ‘relapse’ to eating, or perhaps overeating, when they feel full again.”

The researchers conducted several experiments to test their hypothesis.

Feeling full triggers food cravings

In the main experiment, satiated female rats were placed in a box with a lever that, when pressed, released tasty sweet treats for the rodents.

The animals were conditioned to do this every day for 12 days. This phase of the experiment conditioned the rats to associate feeling full with receiving food.

After that, the researchers put the rodents in the same box, but when they were hungry. For the following 4 days, pressing the lever no longer released food for the starving rodents.

So, in this phase of the experiment, the rats were conditioned to associate being hungry with receiving no food.

The conditions were then repeated. The same rats were placed back into the box and returned to the condition of feeling full. The rodents pressed the lever much more often when they were satiated than when they were hungry.

As Bouton explains, “Rats that learned to respond [to] highly palatable foods while they were full and then inhibited their behavior while hungry, tended to relapse when they were full again.”

The researchers performed additional experiments, placing and removing food from the cage both in the first phase and in the second phase of the study.

And the scientists found that the same pattern occurred, independently of the external stimuli – that is, of the food placed in the box.

These findings, the study authors write, “suggest that associations with hunger or satiety stimuli were learned more readily than associations with other potentially useful [external] stimuli.”

Overall, the findings confirmed the researchers’ hypothesis that internal states of hunger and fullness can act as conditioning contexts.

A wide variety of stimuli can come to guide and promote specific behaviors through learning. For example, the sights, sounds, and the smell of your favorite restaurant might signal the availability of your favorite food, causing your mouth to water and ultimately guiding you to eat.”

“Like sights, sounds, and smells, internal sensations can also come to guide behavior, usually in adaptive and useful ways,” they add. “We learn to eat when we feel hunger, and learn to drink when we feel thirst.”

“However,” the authors conclude, “internal stimuli such as hunger or satiety may also promote behavior in ways that are not so adaptive.”

Tomado de: https://www.medicalnewstoday.com

Published

Fecal transplant success for diabetes might depend on the recipient’s gut microbes

A small clinical trial in the Netherlands found that a fecal transplant from a lean donor can temporarily improve insulin resistance in obese men — but only half of the recipients responded. Upon further investigation, the researchers discovered that they could predict the success of the treatment by analyzing each patient’s fecal gut-bacterial makeup. This understanding could help shape the development of personalized fecal transplant for diabetes

A small clinical trial in the Netherlands found that a fecal transplant from a lean donor can temporarily improve insulin resistance in obese men — but only half of the recipients responded. Upon further investigation, the researchers discovered that they could predict the success of the treatment by analyzing each patient’s fecal gut-bacterial makeup. This understanding could help shape the development of personalized fecal transplant for diabetes. The work appears October 3 in the journal Cell Metabolism.

“We have now shown that you can categorize people based on their fecal samples,” says senior author Max Nieuwdorp of the Department of Internal and Vascular Medicine at the University of Amsterdam. “This allows us to classify diseases with more sensitivity.”

Six weeks after participants received fecal material from a lean donor, half of them saw an improvement in insulin sensitivity, whereas the other half saw no change. “The fifty-fifty responder-to-non-responder rate surprised me,” says Nieuwdorp. “I thought we would have fewer people respond to the transplant.” The researchers then compared the pre-treatment microbiota of both groups and found that the non-responders were the ones who started off with less bacterial diversity.

In this randomized control trial, the researchers recruited 38 obese men with metabolic syndrome, a condition that includes high blood pressure, high blood sugar, and excess fat. They also recruited 11 lean donors with a healthy microbiota. The investigators took blood and stool samples to establish a baseline for each person and randomly paired obese men with a lean donor.

Six weeks later after the fecal transplant, the researchers took blood and stool samples again and observed a decrease in insulin resistance, a major risk factor for type II diabetes, in half of the participants. They also observed changes in the recipients’ microbiota composition. These were only short-term changes, though. Three months later, the microbiota for all recipients had gone back to their original states.

Nieuwdorp and his team had been inspired by previous studies about fecal transplants in C. difficile patients. “A pilot study of metabolic syndrome in 2012 led a randomized, controlled trial in C. difficile patients. The latter was published in the New England Journal of Medicine in 2013,” he says. “With this most recent study, we gain more insight into what is happening in the interactions between gut microbiota and human metabolism.”

The results of this study can help future researchers predict the success of fecal-transplant studies. If recipients’ fecal samples are screened beforehand, then the treatments can become more personalized. According to Nieuwdorp, “We have shown some major effects and started to see that there could be some real power to treat people by replenishing missing intestinal bacterial strains.”

Tomado de: Cell Press. (2017, October 3). Fecal transplant success for diabetes might depend on the recipient’s gut microbes. ScienceDaily. Retrieved October 4, 2017 from http://www.sciencedaily.com/releases/2017/10/171003125442.htm

Moverse solo una hora a la semana podría reducir el riesgo de depresión

 

La intensidad del ejercicio no importó y el beneficio se niveló después de realizar 2 horas de actividad, según un estudio

Una buena noticia para los sedentarios: solo una hora a la semana de cualquier clase de ejercicio podría reducir su riesgo de depresión a largo plazo, sugiere una nueva investigación.

El hallazgo llega a partir de un análisis nuevo de una encuesta noruega que examinó los hábitos de ejercicio, junto con el riesgo de depresión y ansiedad, de casi 34,000 adultos.

Después de un examen más detenido de los datos, un equipo de analistas británicos, australianos y noruegos determinaron que las personas que hacen solo una hora de ejercicio a la semana (independientemente del nivel de intensidad) se enfrentan a un riego un 44 por ciento más bajo de desarrollar una depresión en el trascurso de una década que las que nunca hacen ningún ejercicio.

“El hallazgo clave de este estudio es que hacer aunque sea un poco de ejercicio de forma regular parece proteger a los adultos contra una futura depresión”, dijo el autor del estudio, Samuel Harvey.

“Este no fue un caso de ‘más es mejor’; la gran mayoría de las ventajas de salud mental del ejercicio se consiguieron cuando los individuos pasaron de no hacer ninguna actividad de forma regular a 1 o 2 horas a la semana”, explicó Harvey.

“Además, las ventajas de salud mental existían independientemente de la intensidad de la actividad física”, añadió. “Hay una gran evidencia de que hacer más ejercicio regularmente conlleva muchos beneficios para la salud física, pero los beneficios para la salud mental se estancaron después de 2 horas”.

Harvey es profesor asociado en la Facultad de Psiquiatría de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Sídney, Australia. “La idea fundamental es que cualquier tipo de actividad física, incluso simplemente caminar, tenía unos niveles parecidos de beneficios para la salud mental”, concluyó.

La encuesta original fue realizada entre 1984 y 1986. En ese periodo, los participantes (que tenían una edad promedio de unos 45 años) se sometieron a exámenes físicos, y rellenaron formularios sobre el estilo de vida y médicos. También se realizaron evaluaciones de la salud mental.

Los encuestadores noruegos realizaron una encuesta de seguimiento entre 1995 y 1997 a aproximadamente dos terceras partes de los participantes originales.

Aproximadamente el 7 por ciento de aquellos a los que se hizo un seguimiento en 1997 habían desarrollado una depresión, mientras que el 9 por ciento habían desarrollado niveles clínicos de ansiedad, mostraron los hallazgos.

El ejercicio no pareció tener ningún impacto en el riesgo de ansiedad. Pero los investigadores encontraron que, independientemente del sexo o la intensidad de la actividad, hacer ejercicio regularmente durante al menos una hora a la semana se asoció con un riesgo más bajo de desarrollar depresión a lo largo del tiempo.

Los autores del estudio calcularon que aproximadamente el 12 por ciento de los casos de depresión podrían haberse prevenido si los que se habían deprimido hubieran realizado previamente una hora de actividad de baja intensidad a la semana de forma rutinaria.

Sin embargo, hacer ejercicio más de una hora a la semana no pareció reducir sustancialmente el riesgo de depresión incluso más; la mayor parte de ese efecto protector pareció alcanzar su máximo al llegar a una hora.

Pero con respecto a cómo y por qué una cantidad mínima de ejercicio regular podría ayudar a proteger contra la depresión, el equipo del estudio escribió que “la mayor parte del efecto protector observado sigue sin tener una explicación”. Y el estudio no demostró una relación causal entre el ejercicio y un riesgo más bajo de depresión.

Harvey y sus colaboradores informaron sobre sus observaciones en la edición del 3 de octubre de la revista American Journal of Psychiatry.

Simon Rego, jefe de psicología del Centro Médico Montefiore y del Colegio de Medicina Albert Einstein de la ciudad de Nueva York, dijo que “probablemente hay muchos mecanismos en juego que podrían explicar cómo funciona esto. Pero no tiene el mismo efecto sobre la ansiedad, así que todavía no sabemos exactamente qué es lo que está pasando”.

Pero, añadió Rego, “lo que sabemos es que lo que han detectado es un umbral muy bajo de entrada. Estamos hablando de solo una hora de actividad a la semana. Y no tiene que ser vigorosa o intensa. No es necesario ir a una clase de spinning o apuntarse a un club de corredores. Esto podría significar tan solo hacer que las personas que no se mueven mucho simplemente aumenten su hábito de caminar diario. Esto es todo”.

Así que, explicó, “aunque no tenemos todas las respuestas definitivas, se trata de un hallazgo muy promisorio porque es algo que muchas personas pueden hacer con facilidad”.

Tomado de: HealthDay News

© Derechos de autor 2017, HealthDay

A Little Drinking Might Lengthen Your Life: Study

But researchers stress too much alcohol can increase risk of early death

Light to moderate drinking can lower your overall risk of premature death and, specifically, your odds of dying from heart disease, a new study reports.

Moderate drinkers — men who have one or two drinks a day, and women who have one drink a day — have a 29 percent decreased risk of heart-related death and a 22 percent reduced risk of death from any cause, compared with teetotalers, the study findings showed.

This study is the latest to examine whether alcohol is good or bad for you. The researchers found that light drinkers (fewer than three drinks a week) also receive some protection — a 26 percent reduced risk of death from heart disease and a 21 percent overall lower risk of premature death, according to the report.

But the relationship between alcohol and death risk is a “J-shaped curve,” in which too much drinking can be detrimental to health, said study co-author Dr. Sreenivas Veeranki.

Heavy drinkers are 27 percent more likely to die from cancer, and 11 percent more likely to die early overall, the researchers found. Regular binge drinking one or more days a week also increased risk of early death, about 22 percent for cancer-related causes and 13 percent overall. (Binge drinkers consume excessive amounts of alcohol in a short time period.)

“If you’re an alcohol consumer, drink with caution. Drink lightly,” said Veeranki, an assistant professor in preventive medicine and community health at the University of Texas Medical Branch. “If you’re an alcoholic, consume lower amounts on a less-frequent amount of days. If you’re not an alcoholic, don’t start, obviously.”

For this study, Veeranki and his colleagues reviewed data from more than 333,200 people who participated in the federally funded U.S. National Health Interview Surveys from 1997 to 2009. The survey includes questions on alcohol use.

The investigators linked the survey data to the National Death Index, which showed that about 34,700 survey participants have since died. Of those people, just over 8,900 died from heart-related causes and 8,400 died from cancer.

Prior lab studies have shown that alcohol can lower “bad” LDL cholesterol and increase “good” HDL cholesterol in the blood, Veeranki said. Alcohol also appears to reduce the formation of plaques in blood vessels that can block arteries and cause strokes.

Veeranki noted that studies in the past have provided conflicting advice regarding drinking and health, in part because of unintended biases in the data. In this study, the researchers tried to account for all these potential sources of bias.

For example, the researchers accounted for the possibility that former drinkers might be misclassified as people who have abstained all their lives, Veeranki said. The study team also tried to account for the possibility that people who develop heart disease or cancer are told to quit drinking, which could skew results.

Dr. Eugene Yang, a clinical associate professor of medicine at the University of Washington, said that even with these efforts, any such study won’t be able to control all of the variables.

For example, the surveys used for the new study rely on people self-reporting how much they regularly drink. “That already creates a bias in the study that you can’t necessarily compensate for, no matter how you do the analysis,” said Yang, who is also a member of the American College of Cardiology’s Prevention Council.

Because of that, Yang said, “we can’t really be that certain” about the potential health benefits of occasional drinking.

“If somebody is asking me if they should start drinking, my answer would be that some studies have shown some benefit, other studies have not shown a benefit. And because the level of evidence of a study like this is not the strongest, I don’t advocate people start drinking just for the possibility of a cardiovascular benefit,” Yang said.

Estudio publicado  Ago 14 en the Journal of the American College of Cardiology.

Mas información:  American Heart Association.

Tomado de:  D. Thompson. A Little Drinking Might Lengthen Your Life: Study. 15 de agosto. https://consumer.healthday.com